El ego es el enemigo

El Ego Es El Enemigo Direct

Bajo el sol del mediodía, el mármol cedió. Una grieta recorrió la figura y la estatua se desplomó, reduciéndose a escombros antes de que el Rey pudiera decir una palabra.

Trabajó en secreto, negándose a aceptar ayudantes porque "ensuciarían su visión". Su ego le decía que su genio era autosuficiente. El ego es el enemigo

En el corazón de la antigua Grecia, un joven escultor llamado Aris era conocido por su técnica impecable. Sus estatuas parecían respirar, y el mármol, bajo su cincel, se volvía seda. Sin embargo, Aris tenía un visitante constante en su taller: su propio ego. Bajo el sol del mediodía, el mármol cedió

El Rey de la ciudad anunció un concurso para crear el monumento central del templo principal. Aris, convencido de que la victoria era suya por derecho divino, decidió que no usaría los métodos tradicionales. En lugar de estudiar la luz del templo o la resistencia de la piedra, se dedicó a diseñar la base de la estatua con un tamaño desproporcionado, solo para que su nombre, grabado en oro, fuera lo primero que la gente viera. Su ego le decía que su genio era autosuficiente

Aris no perdió el concurso contra otro escultor; perdió contra sí mismo. Mientras sus rivales habían pasado meses estudiando el terreno y colaborando con ingenieros, Aris había pasado meses alimentando su imagen.

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